"Nuestro tiempo incurre en un error fatal: cree poder criticar intelectualmente los hechos religiosos […], que se pueden someter a una afirmación o negación […]. Opinamos que debemos sentirnos halagados de haber alcanzado ya esas alturas de la claridad, pues parece uno haber dejado tras sí hace tiempo tales fantasmas de dioses. Pero lo que hemos superado son sólo los fantasmas de las palabras, no los hechos psíquicos que fueran responsables del nacimiento de los dioses."